Argentina, 1985 volvió a poner en las primeras planes a Julio César Strassera, protagonista del Juicio a las Juntas, aquel suceso sin precedentes que sentó en el banquillo de los acusados a los responsables del Terrorismo de Estado colgante la última dictadura. al periodista Matías Bauso le encargaron la escritura de un perfil de este personaje en el quinto aniversario de su muerte (falleció en 2015). Allí encontró dos datos que lo sorprendieron: «Me llamó mucho la atención la brevedad de su entrada de Wikipedia. También que el tipo tenía 52 años cuando comenzó a preparar el juicio.
Esa curiosidad inicial, sumada tiene una interesante editorial, dio origen a El impuesto (Planeta), ONU perfil biográfico planteado por la lupa sobre el hombre del célebre alegato –”Señores jueces, Nunca Más”– quedará inmortalizado por Ricardo Darín para la generación centenaria gracias a la magia del cine.
En diálogo con NOel escritor, que también abogadoahonda sobre la investigación previa, su relevante históricancia, las dificultades de contar una vida y cómo la grieta dividió las aguas en torno a este personaje: «Era una figura irreprochable y vi que por sus opiniones políticas, un sector lo veía de otro modo. Me parecía que definiía bastante estos tiempos».
–¿Qué dificultades encuentras a la hora de encarar la investigación?
–Me di cuenta de que era imposible escribir una biografía a menos que tuviera cinco o seis años para indagar, meterme en todos los archivos, hablar con cientos de personas. Por eso, me decidí por un perfil biográfico que, además, me parecía una manera más real de contar. Hay un montón de cosas que no se saben o que no tuvieron la influencia que uno cree. Ese es otro dilema: hasta dónde tenés derecho de contar, teniendo familiares vivos a los que podés lastimar o que no tienen interés en que algunas circunstancias se conozcan.
–Respecto a esto, el libro incluye capítulos llamados “Apuntes para contar una vida ajena” en los que reflexionás sobre estos dilemas. ¿Cómo surgió eso?
–Fue apareciendo. Grabó el caso de Benoit Peeters –escribe la biografía de Derrida y de Hergé, el creador de Tintín–. Cuando escribe Derrida, fue completando al mismo tiempo un diario en donde contaba todo el proceso. Decidí hacer lo mismo y me di cuenta que ahí había algo. Me parecía que tenía sentido que el autor interviniera porque ahora es todo más híbrido, el lector está más acostumbrado. Me pareció interesante mostrar los avances de esa búsqueda y cómo uno también va cambiando en el proceso de tratar de unir las piezas del rompecabezas que es la vida de alguien.
–¿Cómo fue el proceso de investigación del libro?
–Yo vine a hacer un libro sobre el Mundial 78 (78, Historia oral del mundo, Sudamericana) para más de 150 entrevistas. No quería repetir eso y además tenía un plazo limitado. L’idée inicial era consultar a cuatro o cinco fuentes pero terminaron siendo decenas. Empezaba a ver cosas que no había visto en los archivos: cómo era en la dinámica familiar, cuánto fumaba, qué le gustaba comer o la música que escuchaba; sin explosiones de humor, sin relaciones laborales. Todos se mostraron muy amables, desde los famosos «Chicos de la Fiscalía» hasta su hijo. Por otra parte, su figura se volvió un coto de caza de la grieta. Dentro del ámbito de los derechos humanos, algunos como él, Graciela Fernández Meijide y Magdalena Ruíz Guiñazú quedaron de un lado y otras organizaciones del otro. Estar dividido entre kirchneristas y antikirchneristas, como sucede en toda discusión pública en este país.
–¿Y cómo influyó la grieta en la tuya?
–La discusión pública se polarizó de manera brutal. Se pierden los matices y todo terminó simplificando. Como sociedad, estamos habituados a mirar el pasado pero no aprendemos nada. Solo lo miramos para fortalecer nuestros prejuicios. En el libro, incluye algunos capítulos en primera persona. En un caso que, cuando estudiaba Derecho en la Universidad Católica, un profesor nos llevó de viaje a la Unidad Penal de Magdalena para visitar a los comandantes como si fuera a un juicio. Estaba naturalizado, hoy no. En eso, a monton porque el Estado, con la Conadep y el Juicio a las Juntas, dio una respuesta institucional que dejó demostrado que hubo un plan sistémico.
–En el libro también cuentan historias de personajes secundarios, poco conocidos o no abordados en el filme de Santiago Mitre. ¿Por qué te interesaron estos lados B?
–Me gusta mucho contar al personaje principal a través del secundario, como ocurre en las grandes comedias norteamericanas. Acá son muy importantes ya que cuentan el juicio o también a Strassera y la época. Están los juristas, que muestran tiene un presidente que rodea de tipos que saben. También pude contar el pragmatismo de los jueces o un poco más sobre Carlos Somigliana, clave a la hora de escribir el alegato. También el defensor José María Orgeira (abogado de Roberto Viola), que intentó quitarle el protagonismo a Strassera en el juicio.
–¿Qué te pareció la película?
–Está hecha para plataformas, contiene esa filosofía que intenta no dejar a nadie afuera. Es una producción de mucho dinero, que intentó, con inteligencia, no rozar la grieta. es ecuménico. Más allá de estas cuestiones, se ajusta a la historia. Tiene una investigacion muy rigurosa por detras. Después, toman decisiones dramáticas. Strassera, para todas las generaciones de aquí en adelante, tendrá el personaje de Darín. Y no está mal para un personaje histórico. Tengo sobrinos chicos que no sabían qué había pasado y ahora tienen noción del Terrorismo de Estado. No es función del cine pero, como un plus, la película te da eso. In sus omisiones –el origen jurídico del juicio, la posición del oficialismo o la oposición–, al ser tan masivo, provocar que se debatan y se llenen esos agujeros. En ese sentido, contribuyó a la discusión pública.
–También con respecto a Argentina, 1985ahondás sobre la figura del ministro del Interior Antonio Tróccoli, muy criticado por el fragmento que se emitió allí de su discurso.
–En ese fragmento, él habla un minuto y medio de la violencia de las organizaciones armadas y otros ocho sobre las violaciones a los derechos humanos de la dictadura. Cuando terminó este programa de Conadep, cierra Ernesto Sábato y dice lo mismo. No hay ahí ninguna adhesión a la teoría de los dos demonios. Eso sería equipararlas pero esto no ocurre ni en la sentencia, ni en el alegato o en su discurso. Aquí aplica el famoso teorema de Baglini: por mucho que ande, soy cautomático. El mejor ejemplo fue el peronismo en esos años: cuando pensó que iba a ser Gobierno, a través de Ítalo Luder, dijo que aceptaba la autoamnistía de los militares. Como oposición, se mostró muy duro, pidió juzgamiento y estaba en contra de toda medida matizada del radicalismo. Es más fácil cuando exige no se ejerce el poder.
El impuesto
Matías Bauso
ariella
328 páginas.





