En qué consisten las sanciones económicas y cuál es la razón de su aplicación
Las sanciones económicas son medidas coercitivas impuestas por uno o varios Estados o por organizaciones internacionales para presionar a un gobierno, grupo armado o individuo a cambiar una política, castigar una conducta considerada inaceptable o limitar la capacidad de financiar actividades ilícitas. Pueden perseguir objetivos políticos, de seguridad, derechos humanos o no proliferación, y funcionan como alternativa o complemento a la acción militar y la diplomacia.
Clases de sanciones y formas de actuación
- Sanciones comerciales: abarcan desde embargos completos hasta limitaciones en la exportación e importación de bienes y servicios.
- Sanciones financieras: implican impedir el acceso a mercados financieros, restringir operaciones en divisas y excluir de plataformas de compensación.
- Congelación de activos y prohibición de viaje: acciones aplicadas a individuos, funcionarios y compañías con el fin de aislar a los grupos de poder.
- Sanciones sectoriales: se orientan a áreas estratégicas como energía, finanzas, defensa o tecnología.
- Sanciones secundarias o extraterritoriales: imponen castigos a terceros que mantengan relaciones comerciales con el sancionado para intensificar la presión.
Los mecanismos económicos abarcan la disminución de los ingresos del Estado sancionado, como la merma en sus exportaciones, la limitación del acceso a capital y tecnología, el incremento de los costos de transacción y la creación de un entorno de incertidumbre que termina frenando la inversión.
Impacto esperado vs. real
En teoría, las sanciones quieren aumentar el costo político y económico de la conducta objetada, erosionar la capacidad de financiamiento de políticas específicas y motivar negociaciones. En la práctica, los resultados son variables: a veces obligan a negociar o limitan capacidades militares; otras veces no cambian la conducta y generan efectos colaterales importantes. La eficacia depende de la magnitud multilateral del aislamiento, la resiliencia de la economía sancionada y la existencia de redes de apoyo alternativas.
¿Quién resulta más afectado?
- Población civil y grupos vulnerables: la pérdida de importaciones esenciales, medicamentos y alimentos, la inflación y el desempleo afectan sobre todo a la clase media y baja. La experiencia muestra que los más pobres sufren de manera desproporcionada por recortes en servicios públicos y aumento del precio de bienes básicos.
- Empresas domésticas y trabajadores: la caída de la demanda externa, la falta de insumos y las dificultades para comerciar reducen producción y empleo.
- Pequeñas y medianas empresas internacionales: empresas de terceros países que dependen del mercado sancionado o de cadenas de suministro globales sufren pérdidas y restricciones de acceso a mercados financieros.
- Elites y autoridades: aunque son objetivos declarados, con frecuencia logran esquivar el impacto mediante redes, activos externos o privilegios; sin embargo, sanciones financieras y congelación de activos sí pueden afectar a sectores de la élite internacionalmente expuestos.
- Terceros países y mercados globales: sanciones a productores energéticos o a grandes economías pueden alterar precios internacionales, cadenas de valor y provocar efectos de contagio.
Muestras y cifras demostrativas
- Rusia (tras 2022): las sanciones financieras, las limitaciones tecnológicas y el embargo parcial aplicado a diversos sectores redujeron los intercambios comerciales y reorientaron las cadenas energéticas. Cálculos del Fondo Monetario Internacional apuntaron a una contracción económica durante el año de mayores medidas punitivas y a un viraje del comercio hacia nuevos socios, mientras parte de la ciudadanía afrontó inflación y deterioro del poder adquisitivo.
- Irán (década de 2010): las restricciones sobre las exportaciones de crudo y el acceso a financiamiento disminuyeron de forma notable los ingresos provenientes de hidrocarburos: las ventas externas, que superaban los 2 millones de barriles diarios, descendieron a volúmenes mucho menores en el momento más severo de las sanciones, presionando la economía e impulsando negociaciones nucleares que desembocaron en un acuerdo en 2015. La relajación parcial de estas medidas evidenció la relación directa entre presión económica y disposición a dialogar.
- Venezuela: la suma de una gestión deficiente, el retroceso de la inversión petrolera y las sanciones aceleró la drástica caída de la producción de crudo en los últimos años, agravando la crisis humanitaria y el desplazamiento masivo de personas; la población padeció colapso de servicios, hiperinflación y desabastecimiento.
- Corea del Norte y Cuba: la prolongación de sanciones ha restringido el acceso a tecnología y recursos, aunque no siempre ha derivado en transformaciones políticas profundas; con frecuencia ha favorecido la aparición de mercados informales, redes de contrabando y alianzas con terceros Estados.
- Sudáfrica y el apartheid: las sanciones económicas y los boicots internacionales en los años ochenta se consideran un elemento influyente, junto con la presión interna y otros factores, para el inicio de la apertura y la posterior desaparición del régimen racista.
Impacto humanitario y restricciones operativas
- Desproporción en el impacto: la evidencia disponible indica que las medidas amplias y prolongadas terminan afectando más a la población civil que a los dirigentes, sobre todo cuando no existen mecanismos sólidos que resguarden adecuadamente los bienes de carácter humanitario.
- Exenciones y su insuficiencia: muchos sistemas de sanciones contemplan excepciones humanitarias (alimentos, medicinas), aunque en la práctica los filtros bancarios y el temor al riesgo reputacional suelen encarecer o impedir esos envíos.
- Evasión y mercados paralelos: el aislamiento incentiva el uso de circuitos comerciales alternativos, compañías fachada y transferencia de tecnología mediante redes informales, lo que disminuye su efectividad con el paso del tiempo.
- Impacto sobre la cooperación multilateral: las sanciones unilaterales o con alcance extraterritorial pueden originar tensiones entre aliados, disputas legales y una merma de confianza en el orden internacional cuando no existe una coordinación adecuada.
¿En qué momentos resultan realmente efectivas y cómo se puede optimizar su diseño?
- Multilateralidad y coherencia: la efectividad aumenta cuando existe una coordinación amplia entre actores internacionales, lo que limita alternativas para eludir las medidas.
- Focalización y temporalidad: las sanciones enfocadas en núcleos de poder concretos y con metas bien definidas suelen disminuir impactos colaterales. Establecer plazos y pautas de levantamiento refuerza el incentivo para avanzar en negociaciones.
- Mecanismos humanitarios robustos: disponer de canales seguros para la asistencia, supervisión internacional y facilidades para operaciones humanitarias contribuye a evitar sufrimientos evitables.
- Evaluación constante: un seguimiento independiente sobre los efectos económicos y sociales facilita ajustar las medidas para incrementar la presión política y reducir perjuicios para la población civil.
Consideraciones éticas y geopolíticas
Las sanciones plantean un dilema: son herramientas no militares que pueden promover normas internacionales, pero su uso prolongado o indiscriminado comporta costos humanitarios y puede reforzar narrativas de victimización que legitiman regímenes represivos. Además, las sanciones transforman el panorama geopolítico al impulsar realineamientos comerciales y financieros. Por ello, decidir imponer, mantener o levantar sanciones requiere valorar la eficacia esperada frente al sufrimiento social, la legalidad internacional y las posibles repercusiones globales.
Para quienes elaboran políticas públicas, la enseñanza práctica resulta evidente: es esencial reforzar la coordinación internacional, dirigir las medidas hacia los actores verdaderamente responsables, asegurar que existan mecanismos humanitarios funcionales y verificar sus efectos con total transparencia. De este modo, disminuye la posibilidad de que las sanciones afecten sobre todo a la ciudadanía, a la vez que se mantiene la presión sobre quienes deben rendir cuentas.
El desafío consiste en hallar un punto medio entre la exigencia de reaccionar ante faltas graves y el deber de resguardar a quienes padecen impactos económicos, reconociendo que la efectividad política de una sanción depende estrechamente de cómo se configure en términos éticos y técnicos.
