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an amiga de las gemelas argentinas contó cómo era el bullying que les hacían

an amiga de las gemelas argentinas contó cómo era el bullying que les hacían

«Sudaca». En Alana ya Leila, las nenas argentinas de 12 años que el martes saltaron al vacío desde un tercer piso, en el colegio público Llobregat de Sallent, el pueblo catalán donde vivían, las decían «sudacas».

Lo contó Aitana, íntima amiga y más grande que Alana, la gemela que murió al caer mientras su hermana sigue internada, grave pero estable.

“¿Qué les decían? ‘Sudacas’ y se reian de su acento”, fueron las palabras de Aitana al diario catalán La Vanguardia.

Aitana es una de las chicas que aparecen con las gemelas en el vídeo de la cámara de seguridad de la cuadra en la que vivían.

Allí quedaron registrados sus últimas imágenes, las de las tres de la tarde del 21 de febrero: el regreso a casa desde la escuela, los abrazos y saludos de las chicas frente a la puerta del número 4 de la calle Estació desde donde, horas después , Alana y Leila se arrojarían de la mano desde el balcón con la intención de no seguir viviendo.

El balcón de Sallent, Barcelona, ​​de donde saltaron las gemelas argentinas.  / @TribunaLibreES


El balcón de Sallent, Barcelona, ​​de donde saltaron las gemelas argentinas. / @TribunaLibreES

“Nuestros despedimos como siempre. Abrazo, besos y hasta mañana”, dijo Aitana. Fue la última vez que se saludaron.

La chica, dos años mayor que Alana, reveló además que, en septiembre de 2022, las hermanas habían iniciado el año escolar -cursaban primer año de la ESO (Scuela Secundaria Obligatoria)- en cursos separados, pero que luego habían trasladado a Alana a La clase de Leila para intentar amortguar el conflicto que desencadenó el acoso escolar que padecíansobre todo Alana, la gemela que había cortado el pelo y había manifestado su intención de que llamaran Iván.

“Porque Alana no se callaba, les plantaba cara, se defendía y al final siempre terminaban castigándola a ella”, dijo Aitana.

Y contó algo más que complicaría la actuación del colegio en el manejo de situaciones traumáticas como el bullying en las aulas: el traslado de las gemelas a otro patio. “Las pusieron con los de mi clase, de cuarto, y los de segundo,” dijo Aitana.

Consultado por Clarín, el Departamento de Educación del gobierno catalán sigue afirmando que “el centro no había detectado un problema específico de acoso escolar. Pero había dado apoyo psicológico y de orientación a las alumnas desde inicio de curso”.

Dos días después de que Alana y Leila conmocionaran a toda España por haber saltado juntas desde el balcón de un tercer piso, el Departamento de Educación Catalán activó la Unidad de Apoyo al Alumnado en situación de Violencia (USAV, en catalán).

“Por ahora no se puede descartar ninguna hipótesis, si bien, como es común en estos casos, se trabaja con un escenario multifactorial, con condicionantes sociales y familiares”, seguían afirmando a Clarín.

Este domingo, por la mañana, hubo un entierro en Sallent, el pueblo a 74 kilómetros de Barcelona donde viven 6.700 vecinos: el de Alana, la nena de 12 años que no llegó a confesarles a su papás quería cambiar de sexo.

La ceremonia fue íntima y discreta. Pocos amigos y familiares acompañaron a Lucas ya Maia, los papas de las gemelas. Asistió también el alcalde de Sallent, Oriol Ribalta, que decretó tres días de luto por la muerte de Alana.

«Para ellas, el idioma no era un problema», había dicho el alcalde en una entrevista con Clarín dos días después de que las hermanas se arrojaran al vacío.

Y aunque no quiso revelar los motivos por los que las nenas recibieron asistencia psicológica y social, dijo: “Sí le puedo contar que cuando se hace una atención social, no se hace únicamente a la persona sino conjuntamente. La intervención es hace en el entorno”.

Lucas y Maia conservaron las cenizas de Alana hasta que puedan viajar y llevarlas a Argentina. Esperan ahora la evolución de Leila, la gemela que sobrevivió a la caída y que sigue internada en el hospital Park Taulí de Sabadell. A 55 kilómetros de Sallent, el pueblo al que se habían mudado en 2020, antes de que la pandemia les clausurara meses la vida cotidiana que hoy, rotos de dolor, es pura tragedia.

Madrid. Correspondiente

mg

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