
Por
Cledis Candelaresi
En los últimos dos años la Nación perdió para recuperar el equivalente a US$3.000 millones por el congelamiento de los impuestos que quemaron a los combustibles. Pero ese esfuerzo fiscal para contener los valores en surtidor el 1 de abril, fecha prevista por decreto para desfreezar esos tributos, solo uno de los factores que encarecerán este año el precio de las naftas y el diesel.
La Secretaría de Energía ha iniciado conversaciones con las refinerías para prorrogar el acuerdo de que le gustaría tener los combustibles bajo el paraguas del programa Precios Justos, en virtud del cual los precios tendrán en marzo un salto de 3.8% promedio.
La intención oficial es que el nuevo emisor de incrementos contemple subas superiores a esas y, naturalmente, al Índice de Precios al Consumidor (IPC), algo que por el momento resisten las empresas.
Ponerle un cuerpo al valor de la nafta y el diesel siempre es una tarea muy compleja. No sólo porque formalmente estos precios son libres, sino porque resultan de varios factores que mueven de manera casi autónoma entre sí.
Uno de ellos son homenajes específicos: el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Carbono, que el Gobierno produjo desde el segundo trimestre de 2021 como una herramienta moderadora, suspendiendo los aumentos que deben realizarse trimestralmente por el IPC. Pero el decreto 864 limitó la vigencia de esa suspensión al último día de marzo.
Si Economía se atuviera estrictamente al dictado de las normas, el ICL y C2 podrian sufrir hasta un 135%, ya que ese el atraso acumulado, según un cálculo reciente de la consultora Economía y Energía. Tomando el tipo de cambio promedio de cada trimestre y el volumen de combustible vendido al mercado, resulta que solo el año pasado las arcas nacionales dejaron de percibir US$1.800 millones por no corregir el valor de esos tributos según el IPC.
Hasta ahora no hay decisión tomada al respecto, pero el tema se discute en despachos oficiales donde sí existe preocupación por el impacto que esa corrección podría tener en el surtidor, adicional al de los otros componentes del precio.
Uno de los principales instrumentos para contener el encarecimiento de los combustibles hasta ahora fue renunciando recaudación. Pero a pesar del recorte importante en los gastos primarios aplicados por Economía, la extensión de las cuentas públicas no deja demasiado margen para continuar con la generosidad fiscal, lo que hace prever el descongelamiento según manda aquel decreto.
Gracias a que el gobierno pisó esos impuestos, su peso relativo pasó del 20% al 6% de la factura que abona el usuario y por ello el ajuste tendrá menor impacto que el que hubiera tenido hace dos años. Sin embargo, cualquier resultado correcto será sensible: más de su reflejo en el IPC, es impulsor de otros valores de la economía.
Medio en dólares, el precio promedio de la nafta –en sus distintas versiones de calidad—equivale a 1.23 dólares y el diesel a 1.06 dólares. Las subas dure el año no resintieron el consumo, que sigue en niveles muy similares a los que registraron a fin del 2021 y resultaron por debajo de la inflación.
Aunque la comparación aislada no dice demasiado, lo cierto es que los consumidores argentinos siguen pagando en moneda dura bastante menos que quienes cargan en surtidores de países vecinos.
Para los productos grado 2 (súper, sin prima) Argentina vende a 0,93 dólares el litro el nafta que Uruguay cobra 1,86; Chile 1,65 y Paraguay 1,12 dólares.
La situación se está recuperando con el diésel, sin embargo con menor diferencia, solo los precios locales se ajustarán más durante 2022, especialmente luego de la crisis de agotamiento que se producirá a fines del otoño. En Uruguay cuesta 1,52 dólares el litro; en Chile 1,47 dólares y en Paraguay 1,21.
Este incumplimiento explicó la tentación de los conductores de cruzar la frontera para llenar los tanques acá. También ilustra un fenómeno de escenario más amplio, que desató el problema de abastecimiento de diesel a fines del otoño pasado: las petroleras locales se descuidan para importar a un precio más alto al que pueden vender a un costo adicional.
Otras cuestiones que están en la mesa de negociación entre el Gobierno y las empresas en este momento el valor del barril de petroleoinsumo clave que representa la mayor porción del precio de los combustibles.
Se trata de un bien dolarizado, pero que por los acuerdos permanentes entre empresas celebradas a instancias del Gobierno, vale 20 dolares menos el barril que en el mercado internacional. Naturalmente que, en la medida en que cambia el tipo de cambio, también lo hace el costo del petróleo, la presión tiene un alza en los precios de los combustibles.
Eso perturbó la discusión cuando en la mesa hay firmas que sólo refinan (ej. Raízen-Shell), que sólo Producen crudo (ej. Tecpetrol) junto a las integradas, que lo hacen todo (ej. YPF, PAE). Abajo interesado en su diferente y, de ratos, contrapuestos. A todas les viene bien un ajuste en surtidor, pero saben que la demanda no puede convalidar cualquier cosa y que Economía tampoco facilitará una escalada de precios en un año electoral.
Con el a través de la producción de Vaca Muerta, Argentina está en condiciones de mejorar drásticamente los ingresos en divisiones para una mayor exportación de crudo. La infraestructura para evacuarlo por caño a limítrofes oa puertos está creciendo rápidamente.
Pero ese posible auge de géneros cierto Preocupado en las productoras con chances de conquistar mercados externos, que reniegan de controles de precios y acuerdos para bajarlos. Algunas empresas ha anclado a Gobierno la idea de estabilizar el barril local en un nivel atractivo. Para ellas, claro.
Una síntesis de la fórmula autoría de una mejora consultora del rubro que las empresas hicieron propia y arribaron a los funcionarios del área tiene como principio que el crudo cueste in argentina lo mismo que en el mercado internacional.
Después de ese matrimonio, si sube las firmas estarían dispuestas a pagar más retenciones cuando exporten, à condition de que esos dólares ingresados à las arcadas públicas se usen para «compensarlas» cuando el petróleo cueste menos en el mundo. Se ha aplicado un mecanismo que se conoce como «barril criollo»: si el negocio empeora en el mercado internacional, que el Estado auxilia a las petroleras.
Para los consumidores esto implicaría que no habría saltos muy abruptos en el precio de los combustibles y, al mismo tiempo, la garantía de que seguirá lo conocido pasando.
Los biocombustibles con los que las refinadoras están obligadas a mezclar su producto para tener combustibles más ecológicos, tienen su propia dinámica de aumento, también ligada a la evolución del dólar. La presión del complejo sojero es fuerte va en dos direcciones: para mejorar su remuneración y eso aumenta la corte.
Another item that hace escarpado el camino para encuadrar a las naftas y al diesel en un programa de precios reglados.


